¿Recuerdas cuando eras pequeño/a? ¿Te acuerdas si alguien te obligaba a salir a la calle a jugar?

La respuesta seguramente es “No”. Más bien lo contrario, nos obligaban a volver a casa cuando se hacía tarde y llegaba la hora de la comida o cena. Para nosotros nunca llegaba el momento de irnos y siempre se nos pasaba el tiempo volando. Y a los niños y niñas de hoy les pasa lo mismo: cuando juegan se olvidan del resto del mundo. Simplemente ¡ESTÁN! Jugar les permite probar, equivocarse, rectificar, volver a empezar. Porque si se equivocan nadie les juzga. El juego les permite experimentar y verse ante un problema y, por tanto, les obliga a buscarse ellos mismos una solución. Este es, sin duda, uno de los mejores valores que aporta el juego.


«El juego permite a los niños y niñas experimentar y verse ante un problema que les obligará a buscar una solución.

Este es sin duda uno de los mayores valores del juego»


¿QUÉ TIENE QUE VER EL JUEGO CON EL APRENDIZAJE?

Nuestro cerebro está diseñado para aprender a través del juego. El juego activa la “dopamina”, la dopamina es un neurotransmisor implicado en el sistema de recompensa cerebral. Gracias a la neurociencia, sabemos hoy en día que los aprendizajes de calidad siempre serán aquellos en los que se active la segregación de dopamina, es decir, aquellos aprendizajes que nos hayan creado bienestar, a través de la generación de emociones y sentimientos agradables.

Te pondré un ejemplo en el que verás qué pasa cuando no se activa este sistema de recompensa en los aprendizajes. Cuando en la escuela nos teníamos que aprender los ríos de la Península y sus afluentes, generalmente nos los repetíamos mentalmente o por escrito hasta que nos los sabíamos de memoria para superar el examen. ¿Cuántos recuerdas de los 34 ríos que hay? y ¿ sus afluentes? Pues seguro que menos de la mitad, porque pasados pocos días, gran parte de esa información se desvaneció, sin dejar huella en nuestro cerebro. En realidad lo que hicimos pues, con los ríos y con la mayoría de aprendizajes académicos de nuestra vida, fue memorizar listas de información. La simple memorización es un proceso muy diferente al de aprender.

 

                                                      El cerebro aprende jugando

LA LETRA CON SANGRE “NO” ENTRA

Y las emociones, ¿sirven también para aprender?

Evidentemente que sí. Un aprendizaje ligado a una emoción crea una huella tan profunda en nuestro cerebro como la que marcaríamos si fuésemos a dar un paseo en una montaña recién nevada. Esto es así porqué las emociones son importantes para la supervivencia. Así, todos los aprendizajes que vayan ligados a una emoción, perdurarán más en el tiempo. Existen 4 emociones básicas: MIEDO, ASCO, IRA y ALEGRÍA. Aunque no todas actuarán de la misma forma en lo referente al aprendizaje de contenidos escolares.

El miedo es la más potente de ellas y nunca vamos a olvidar algo que nos haya dado miedo. Pero también es la emoción que menos ganas da de volver a repetir la experiencia.

 

Voy a explicarte una historia personal para que puedas valorar mejor la relación existente entre emociones y aprendizaje :

Mi hijo mayor fue diagnosticado a los 6 años de trastorno por déficit atencional y dislexia. Cuando en la escuela tenía que leer en voz alta ante toda la clase, no podía hacerlo al mismo ritmo que los demás niños y niñas. Un niño con déficit atencional tiene dificultades para centrar la atención en lo realmente importante, le cuesta organizarse y procesa más lentamente la información. Si a esto le añades una dislexia, te puedes imaginar cómo vivía él tener que leer en voz alta y en público: simplemente, tenía HORROR. Aunque en casa hayamos intentado que disfrute de la lectura, hasta hace poco, ha tenido un rechazo sistemático hacia ella y MIEDO a leer.

En la actualidad, mi hijo, ya tiene 15 años ¿crees que es un buen lector? La respuesta es “No”, y no sé si lo llegará a ser algún día o le será siempre muy difícil no asociar lectura a miedo.

¿Lee? “Sí”. ¿Lo hace bien? “Bastante”. Pero en público no leerá si puede evitarlo.

 

¿TE GUSTAN LAS CHUCHES?

Para el aprendizaje la emoción que nos va a servir mejor es la ALEGRÍA. Se trata de una  emoción no muy potente, pero sí es una buena emoción para que volvamos a querer repetir una experiencia o un aprendizaje en el que hayamos sentido felicidad.

Una de las mejores maneras de producirnos alegría es a través del juego, el cual ya hemos dicho que activaba a la dopamina, también conocida como “la chuche del cerebro”.

La relación está clara pues: si te gustan las chuches, querrás volver a comer. Si tus niños disfrutan aprendiendo a través del juego, querrán volver a aprender.

 

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